En realidad no flota. La isla era sagrada, y la plebe no podía pisarla. Así que para que pudieran entrar en el templo, construyeron el propio templo, y el pórtico de entrada, en la playa. Con la marea alta, todo parece que flota sobre el agua.
La isla de Miyajima está llena de turistas, pero todavía tienes cierta sensación de vivir en un episodio de Lost.
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