Hemos vuelto, pero no a Tokio. El avión se desvió hacia el sur, con la ventaja de que ni siquiera hemos cambiado de zona horaria.
¿Cuán lejos hacia el sur? Justo antes de que se terminara la tierra firme, nos dejó en tierra. Algunos navegantes pensaron que ya no había nada más al sur, que lo único que se podía hacer en ese cabo era rodearlo y seguir camino hacia la India.
Eso hemos hecho hoy, rodearlo, pero por tierra, claro. El Cabo de Buena Esperanza nos da la bienvenida, y un costillar de cocodrilo nos aguarda en un restaurante de la ciudad esta noche. Repitan conmigo juntando tres veces los talones: ¡fuera de casa como en ningún sitio!
Los que no podemos llegar al Cabo de Buena Esperanza y de momento nos contentamos con hacer navegación de cabotaje estamos dispuestos a seguiros en vuestra singladura... y morirnos de envidia claro!!! Disfrutad como locos. (Respecto a los pingüinos y demás bichos de momento os gano... he visto una vaca. Vamos empate ;-)